Qué bien se amolda tu piel a la mía
cuando
nos rendimos mutuamente
a la
danza del fuego y del edén...
Qué
bien se adapta tu mano en la mía
cuando
cruzamos el parque y la acera
del
amor a pequeños roces y caricias...
Tan
bien se engarza tu boca en la mía
cuando
me besas el alma desde tu alma
a pequeños
sorbos hechiceros de miel.
d.r. 2014, Paris








