Soy viajera de las letras o Moninauta. Mi familia, mis amigos y yo hemos pasados por muchas situaciones, buenas y malas, nacimientos y muertes, encuentros y disoluciones, el fin del mundo y muchos principios de años, siempre cosas nuevas, sentimientos armónicos o desencajados... noticias alegres y de las otras... pero aquí estamos, disfrutando del amor o de los ventarrones emocionales que siempre nos dejan alguna lección... trato de reflejar un poco de todo esto en mis escritos.
miércoles, 27 de julio de 2016
sábado, 23 de julio de 2016
Silencio filoso (Poesía)
Nubes de lágrimas rojas se llevaron tu vida
¡Cuántas ilusiones mata un trozo de metal!
Y luego,
un silencio filoso en el pecho
un silencio filoso en el pecho
alacrán furioso en el estómago.
Un pétalo de girasol sangra y tiembla
antes de caer en el vacío
de tu ausencia.
de tu ausencia.
(para Alexis, 1976-2003)
Mónica Ivulich
DR2016Fr
No hemos salido (Poesía
Seguimos en el tártaro
Tan cerca del inframundo
donde los seres oscuros
devoran nuestras carnes
rasguñan almas dolientes
mintiéndonos una libertad.
No hemos salido del averno
y nos creemos grandiosos.
No hay castigo más terrible
en el mundo de la confusión
del miedo y el consumismo
que vernos el rostro íntimo,
ese lado oscuro que velamos,
que no deseamos reconocer.
No, no hemos salido del averno
de esta cárcel de conciencias.
Mónica Ivulich
DR2016Fr
lunes, 18 de julio de 2016
En alas del cisne. (Prosa)
Hubiese deseado que mi último
verso quedara escrito en tu piel… pero se perderá en el aire o en la efervescencia
de una ola póstuma sobre mi playa.
Tú no te vas a enterar, con otros
brazos al cuello y algunos recuerdos de collar.
Ese remoto poema hablaría de un
amor imposible y de otra vida en que… tal vez… sólo tal vez, volveríamos a
probar.
Hubiese deseado me despidieras
con una caricia, que tu mirada me acompañara al más allá…
Sin embargo, mi mirada flotará en
la niebla y mi caricia rozará los pliegues de la melancolía musitando un verso
que no escucharás ni se convertirá en beso.
Tal vez vuele en alas de un cisne
inescrutable.
Mónica Ivulich
DR2018Fr
jueves, 14 de julio de 2016
domingo, 10 de julio de 2016
viernes, 8 de julio de 2016
LA CASA DEL SILENCIO (prosa)
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| Foto de la red |
Es menester sonreír para poder
atravesar la sala inmóvil, nunca usada, adornada con flores de plástico pues,
años atrás, la vieja solterona decidió que eran de “clase” … Por si llega algún
vecino, algún amigo o amiga, o la hermana trae a alguien. Hoy puedes entender
que esas flores patéticas también están dedicadas a ti.
La madre de las solteronas
intenta incorporarse, te apresuras a inclinar tu espinazo sobre su sillón,
antes de verla desfigurarse en el esfuerzo. Además, entiendes que es mejor que
las cosas sigan como están, inmóviles, estáticas… de lo contrario ese magna
difuso se bambolea sobre tu cabeza y sacude tu conciencia como una marea
súbita.
La segunda hija te saluda como si
estuviera feliz, tal vez lo está, en el fondo de su memoria, sobretodo, está
nerviosa ante el movimiento de la atmósfera que se vive en la casa.
Ya has saludado y lo que quieres
es salir. Te hacen esperar y contarle a la madre qué haces o quién eres que es
casi lo mismo en este caso, explicarle que no has venido a robarles nada, que
no has entrado a perturbar, que te irás como has llegado… bueno, al menos eso
crees…
La amabilidad se extiende y la
solterona primera llega con una fuente de quesos y otras atenciones, detrás de
su sonrisa cincelada, hay una mueca de sacrificio y molestia en cada gesto.
Aquí tienes olivas… lo siento, están rellenas de sardinas y soy vegetariana…
solo un poquito… no, le agradezco, es que no me apetece…
Tu primer defecto se hace
presente, no eres como ellas. Nunca podrás formar parte de esa manada
minúscula, eres de otra… y para corroborarlo te harán preguntas a ver en que
más difieres, en que más fallas. Los limites son estrechos, por lo cual
seguramente encontrarán muy pronto donde la pifias… es tan fácil…
Algo intangible, algo pesadamente invisible
aplasta tu cerebro… no es malo, es incorpóreo… ese silencio que se oye en otro
lugar que no son tus oídos… pesa, se enrosca en tu voluntad… tiende a ahogarte
solo un poco, y se expande para dejarte respirar… sabes que volverá… transpiras
un poco… no puedes definir qué es ni cómo te sientes.
Para peor, el vino te marea más
de lo normal. Sonríe, afirma con la cabeza y sonríe, te ordena tu madre
interior. Gracias, dices y sonríes como tonta.
Tratas de incorporarte y te piden
que esperes al café… no tomo café, es mejor que no lo diga… se hacen chistes
que uno festeja en medio de la inconsciencia… al fin el acto se termina. La
segunda hija te pide que la acompañes a ver unos libros a su habitación. Allí
está su equipo de música, el que no usaremos… solo tiene opción a un par de
auriculares.
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| foto tomada 2015 BCN |
Entonces lo notas: la madre se ha
reclinado en su sillón y ha vuelto a colocarse unos adminículos negros en los
oídos. La solterona hizo lo propio frente a su ordenador.
– “Si -dice la segunda hija- los usamos porque
las tres vemos, oímos, cosas diferentes y así no nos molestamos… una cuestión
de respeto.” A pesar de ello, en algún momento se quejarán de la falta de
intimidad.
Es uno de los misterios de la
casa, tres mujeres solas en tres burbujas diferentes. Sin contar, claro, los
fantasmas que cuelgan de los techos y las paredes como telas de araña etéreas y
pegajosas.
Si miras fijamente el cuadro de
cualquiera de los antepasados, verás que se les marca una sonrisa en el momento
menos pensado… la misma forma de sonreír
de las tres mujeres que habitan la casa del silencio.
A ellos les gusta el mutismo,
allí perduran: en la negación de la vida, en esa felicidad sepulcral, en una
neblina apenas perceptible y en la inmovilidad de las cosas.
Mónica Ivulich
DR2016Fr.
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