Soy viajera de las letras o Moninauta. Mi familia, mis amigos y yo hemos pasados por muchas situaciones, buenas y malas, nacimientos y muertes, encuentros y disoluciones, el fin del mundo y muchos principios de años, siempre cosas nuevas, sentimientos armónicos o desencajados... noticias alegres y de las otras... pero aquí estamos, disfrutando del amor o de los ventarrones emocionales que siempre nos dejan alguna lección... trato de reflejar un poco de todo esto en mis escritos.
martes, 1 de agosto de 2017
domingo, 30 de julio de 2017
Mi primer maestra
Comencé la escuela con mucha emoción. Debo aclarar que mi
madre quiso ponerme en una escuela religiosa para hacer el jardín de infantes y
fue un fracaso. No sólo no jugaba ni quería hacer nada con las monjas, sino que
también tenía pesadillas que aún recuerdo con las pobres religiosas girando a
mi alrededor…
Ahora iría a una escuela de verdad, donde las maestras eran
personas comunes y vestían como todas las demás personas…
Delantales blancos, tradición rioplatense, parecíamos un mar
de espuma. Cabello atado en trenzas o colas de caballo, portafolios de cuero
que albergaban lápices y cuadernos vírgenes y la emoción de escuchar el himno
por primera vez con una maestra enfrente, también de blanco, con blanca sonrisa.
Muchos niños lloraban, yo estaba pletórica. Mi madre se
mantenía expectante y cerca, había vaticinado que lloraría como en la otra
escuela. Sin embargo, yo había visto la ternura y protección en la cara de mi
nueva maestra y ya nada me haría faltar a la escuela, nunca. Cuando comenzaron
a entrar los alumnos mayores, mi mamá se acercó para asegurarse que estaba bien
y le susurré al oído: - “cuando sea grande, quiero ser maestra”.
Ella se lo repetiría a mi padre, vecinos, tíos… y agregaba: -
“como su abuelo, mi padre.” Tal vez, eso también viene en el ADN, pero no
conocí a mi abuelo, yo quería ser como mi maestra, la señorita Haydée.
Haydée no era bonita, era regordeta y tenía una voz cantarina.
Recuerdo que me abrazaba y cualquier raspón o dolor se aliviaba. No había
alumno que no la quisiera. Nunca nos dio castigos ni reprimendas… Haydée era
pariente de Papá Noel, para mí. Sus regalos eran sonrisas y cuidados, eran los
estímulos que nos daba para aprender…
Mi madre me regañaba por llegar con mi delantal sucio, toda la
pechera como si hubiera limpiado el piso. Yo solo levantaba los brazos como si
no supiera quien había puesto esas manchas allí. Un día, cansada de lavar,
blanquear y planchar mis delantales subió al aula conmigo.
En la puerta del salón le explicó a la señorita Haydée su
sorpresa al verme tan sucia cuando ella me llevaba impoluta a la escuela. La
maestra me sugirió que entrara y habló con ella. El tema se cerró allí y nunca
más volvieron a sermonear por mis descuidos y manchas.
Tiempo después supe que la señorita Haydée le había dicho que
mi comportamiento y atención en la escuela eran ejemplares, que, mientras otros
alumnos hacían bulla o dibujaban garabatos yo me esforzaba en hacer bien las
cosas. Por lo tanto, era normal que mi natural energía de seis años explotara
en el recreo largo donde jugábamos a las escondidas, indios y cowboys etc.
Una tarde mi ojo se inflamó y ardía mucho. Me dieron gotas en
el Dispensario infantil, una especie de sala de primeros auxilios para niños.
Mi madre decidió que no fuera a la escuela al otro día, eso me hizo sentir
horrible y comencé a llorar. Pensaba que no podía fallarle a “mi señorita”. Mi
padre aceptó que fuera para que no llorara más y, por lo bajo, dijo que no me
despertarían.
A la hora del desayuno estaba vestida y preparada para salir,
no hubo marcha atrás. Mi madre tuvo una mirada de discrepancia, pero mi papá
dijo que ya estaba mejor y salí hacia la escuela.
Ese año fui la mejor
alumna y recibí un premio a la puntualidad y asistencia que marcó mi vida, para
bien. Como fue una excelente influencia la maestra que nos trató con dulzura,
dedicación y nos dio ejemplo de una conducta intachable. Mi primer maestra sigue en mi memoria y sentimiento.
miércoles, 19 de julio de 2017
martes, 11 de julio de 2017
Pasión (poema)
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Pasión
Hace tiempo atrás
escribía a sus ojos
a esa mirada
que
me perdía
a la pasión
Hoy escribo
no para recordar
sino porque no puedo
olvidarla
aunque sea en flecos
de confusas
nostalgias
en deshilvanados retazos
de
melancolías
la memoria ordena
la mano obedece
y por
eso escribo
no porque la recuerde
sino porque la pasión
no se
puede olvidar.
Mónica Ivulich
DR2017Fr
viernes, 7 de julio de 2017
miércoles, 5 de julio de 2017
Reseña irreal (Poema)
Mis poesías dicen que te amo,
me emociono si te acercas
cuando te abrazo…
no sé,
tal vez sea por la memoria
del aire entre nuestras bocas…
que todo se vuelve urgente
y las pieles se anhelan,
se buscan
el momento se transforma
al atardecer
en esa irreal,
aunque palpable,
reseña
de un éxtasis presagiado
Mónica Ivulich
DR2017Fr
jueves, 29 de junio de 2017
Manos firmes (Poema)
Mis manos que cultivan
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mis manos que escriben
mis manos te buscan
en la tierna oscuridad
Son manos firmes, tuyas,
tañen con pasión, bailan
pintando arcoíris, soles,
y vibran al son del amor
Mis manos te cobijan y
te buscan, una vez más,
te conducen con ternura
donde anidan las caricias
Dibujan locas mariposas,
mis manos que tiemblan
se transforman en alas…
cuando las quieres besar.
Mónica Ivulich
DR2017Fr
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