sábado, 14 de diciembre de 2013

Mi nene no es mio...



Mi nene es tan rebelde
Y tan injusta su mamá:
querer sacar de sus bolsillos
los trocitos de la ciudad,
querer lavar de su cara
su gusto a risas y sal
y de su pelo revuelto
tanto olor a plaza y sol.

Mi nene cara de pillo
cuando llega, entra el color
Mi niño no es mío:
Yo soy de el

Se duerme mi nene cow-boy
con su osito blando y un tren
duermen sus fantasías traviesas,
su cara de leche y de miel
ya descansa en mis brazos
y, al acostarlo, lo extrañaré.
Se duerme mi nene osito
en sueños de celeste papel.
Le canto a su dulzura
y duermo mi ternura bebé
Mi niño no es mío:
Yo soy de él.
Mónica Ivulich 
1974
d.r.
 

lunes, 9 de diciembre de 2013

Progreso



Progreso…
   Las calles son desvíos que conducen a desvíos, la luz del farol  está llena de tinieblas y falsos reflejos… que se expande en humo, brillante… indescifrable.
   Los pasos son, ciertamente, inseguros, las sombras sin fondo, la lluvia sin fin. Todos buscan la estable inestabilidad, la incertidumbre segura, el avance perseguido…
   Y en torno a este escenario, rodeándonos, se agita la noche mágica… sus estrellas, sus brillos. Se mezclan palabras que son gritos, protestas inútiles sin dirección precisa, con rebelión, individualismo, pidiendo libertad progreso… progreso…
   Un taxi y un tren… progreso, un muchacho que busca un oído amable,  por teléfono. Luz de neón, periódicos del nuevo día que parecen repetidos de ayer, el reloj que marca la madrugada… ¡progreso!
   En mis manos, páginas gastadas  que se niegan a ser leídas, el ferrocarril, automóviles, humos, progreso y cielo que se desliza en nimbos.
   Al  frente, dos ancianas que tratan de dormir, sentadas en un impávido banco de madera, permanecen con los ojos cerrados… una apoya su cabeza, envuelta por un pañuelo desteñido, en un bolso viejo, gastado y rústico, su aspecto es humilladamente altivo, se molesta por sentirse mirada y… continúa en nada.
   La otra se dobla sobre su vientre, va escondiendo su cabeza, la doblega su peso, el peso de todos, del progreso…


   Gente enfurecida por… por todo, gente que se molesta de nada y una de las viejas que estira sus miembros acalambrados, que se dobla y que necesita todo…
   Libros, lentes rotos, relojes, máquinas, luces… y de pronto, me veo reflejada doblada observando… imaginando, desde mi triste ventana de rústica madera descolorida.
   Y creo que mis lágrimas liberadas reniegan ante mi opresión y creen ser hijas de los llantos que cruzaron con arrugas el rostro ingenuo de aquella viejecita que duerme en la estación… que es producto de nuestra incomunicación, que se dobla sin remedio y se quiere levantar sin lograr vencer la evasión del sueño… el progreso está en sus espaldas.
   No hay manos, no hay asientos mullidos, ni lugares tranquilos, todo es progreso que bulle en las venas, nos hemos detenido en el progreso y resbalamos en él… la luz de mercurio cae rectamente sobre la cabeza blanca y cansada de la viejecita…
                                                                                                                        (imágenes: Goggle)


sábado, 7 de diciembre de 2013

Elipse vital




Danza en elipses la vida
La música fundamental,
El amor envuelve los aires,
Y espirales multicolores
Giran y saltan, en flores y en  galaxias…
Tu brazo  envuelve mi existencia
En la eternidad de una danza total
Silenciosa y de beldad insondable

Con invisible armonía y furor
El ojo del huracán sosegado
En el centro de la energía que gira
Y nos une en abrazo vehemente.

Danza Shiva y danza Shakti
Miras el corazón para despertar
Y, en la danza oculta, de la vida
Volveremos a comer de la manzana

Y morirá Akasha en nuestra visión
No vivirá el ojo de Dios si cierras los tuyos
No habrá amor sin el halo compartido
Síntesis universal de tus labios sellados

Que experimenta el mundo en evolución
Intención demente del sol que grita
En la geometría sagrada de tus labios
Donde danza en elipses la vida y su fin.

                                                   Mónica Ivulich
                                                      d.r. - 2013
                                                                                        Imagen de Google

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Colores de otoño.

Acabo de darme cuenta que pronto nuestros arboles estarán cambiando colores... me entra un frio en los presentimientos...
Lo bueno es que las nenas estarán comiendo su chocolates del calendario...
Que armaremos el árbol y la casa tendrá olor a pino...
Que mi hija estará ansiosa por abrir sus regalos...
Que terminaran de caer las hojas de los arboles y empezaremos a preocuparnos si nieva o no...
Que arderán leños en el hogar cada noche...
Que soñaremos con la primavera...
Que reuniré a mis nietos...
Que el invierno también pasar
á...
 

Breves ilustradas
















sábado, 23 de noviembre de 2013

ELBA





En aquella oscura terraza, rodeada de enormes edificios, nunca llegaba el sol, aunque, a veces, la luna se atrevía a pisar, blandamente, con ganas de soñar memorias del pasado….
El perro faldero, sucio, no se animaba a subir, aunque Elba olvidara alimentarlo.
Solo las ratas y alguna araña descuidada paseaban de día o de noche por aquella pringosa y ridícula terraza de ciudad, donde el progreso se había resignado a no avanzar.
La niña Elba, entre sus muñecos y algún cuadro polvoriento pensaba que algún día subiría a jugar a las casitas, nunca subió.

De noche se la oía andar, cambiando y alimentando a sus niñas de cartón y, ya de madrugada, llamar a la madre para que le alcanzara el agua antes de dormir.
Nadie la vio nunca ni al hacerse las trenzas, ni al jugar con los ‘niños’ a las escondidas que nunca salían de sus escondites.  Nadie la vio orinarse encima y que mamá la retara muda, por centésima vez. Nadie la vio aprender, todos los días, a comer sola sin aprender. Nadie la vio romper la copa de cristal y la cerámica que trajo un abuelo olvidado de-aquel-viaje… después de todo, era un abuelo desconocido como todos los otros.
Nunca alguien le recriminó romper jarrones , ni al deshojar libros papel biblia antiquísimos o desarmar pluma a pluma los almohadones y luego rasgar el cheslón que tanto gustaba a su señora mamá… no hubo testigos que la vieran clavar en la estatua el sable del padre, un horror de travesura, diría tía Clarita, pero no lo dijo.  Ni la vieron crecer todos los días entre moños y bucles, sopas y tirones de orejas.
Nadie la vio bailar sola con un collar amarillo de tiempo, en su escote jamás lucido, ninguna vez acariciado más que por las agujas lentas del reloj.
Tampoco ninguno la vio cuando, cansada de ser niña, Elba corrió hasta el desván y tomó un espejo, uno de los muchos que se habían guardado después de la muerte de su último pariente…ni la vieron cuando, cansada de ser mimada por protectores invisibles observó su imagen enfundada en volados de viejo tul y arrugados encajes que fueron blancos, de moños de raso
y trenzas largas… ahora, ya cansada de ser niña, descubrió su boca-de-pocos dientes, sus arrugas, sus canas, su ya-no-tener tiempo de crecer y murió, septuagenaria, muñeca en mano.
                                             
                                                                 Mónica Ivulich,  1986

                                                                                 Edición 2013

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