jueves, 20 de octubre de 2016

ODA a la EDAD (Poema)


IMAGEN DE LA RED


Dicen que después de los sesenta y cinco
se olvida uno de nombres, fechas y gente
se le confunden los hechos y lugares
todo esto de forma indeterminada, arbitraria…

Ay! Señor… me opongo a que se destierren de la mente
las caricias inocentes de los niños, tantos en mi vida,
ni la ardilla que cortó un girasol frente a mi ventana
ni el beso que me robaste ni la noche aquella…

Creo que se deben eliminar los recuerdos amargos,
las miradas con malicia, las despedidas a destiempo,
el llanto sin respuesta, la palabra injusta, ingrata
como si fueran antiguas cartas del amor infiel.

Si, limpiaré de mi memoria todo lo desechable
de forma urgente quemaré recuerdos mustios
para dejar espacio solamente a lo luminoso
a mi risa loca que se une a otra y a otras más locas.

Desandaré pasos del ayer hacia ningún lado
silbaré melodías vetustas aún no inventadas
comeré lo que me han prohibido sin mi permiso
uniré mi mano a otras manos con o sin motivo
separaré aguas, abriendo fatuos caminos mágicos
me reiré de mis imperfecciones y mis miedos
acunaré mis dolores cada noche bajo luna llena
y, en una piel nueva, enterraré las injusticias viejas…

Plantaré albahaca y menta, jazmines y limones
para emborracharme de olores cada mañana
y sembraré versos en tu boca quitando sinsabores
borrando reproches, olvidando soledades seguras

Pintaré mi alcoba con reflejos de mar y vida fresca
tenderé banderines evocando victorias sobre mí misma
pondré música sin sentido, la locura será mi huésped
y, un día cualquiera, moriré en una explosión de vida.

Mónica Ivulich.

D.R.2016Fr.

No hay comentarios:

Publicar un comentario